domingo, 21 de noviembre de 2010

Comportamiento Ético del Tecnólogo

Comportamiento ético del tecnólogo

 Las personas con formación profesional deben estar consientes que, gracias a su preparación, pueden ocupar cargos que imponen responsabilidades especiales, como mantener la confidencialidad de sus clientes, que no tendrían si no estuviesen ejerciendo su labor de tecnólogos. Además, el aumento de la importancia de tecnologías como los computadores y las redes en la sociedad actual obliga a los profesionales a meditar sobre ¿cuáles deben ser los lineamientos éticos que deben seguir para su uso?
 Las diferentes profesiones tienen un código de ética establecido, esto con el fin de mostrarles lo bueno o malo que pueden ejercer en su carrera. De cada profesional, tecnólogo depende un comportamiento ético ante la sociedad a la cual se va a desempeñar, dirigiendo su responsabilidad de diferentes maneras, ya sea dando la mejor solución y lo mejor de sí para un desempeño intachable o tal vez escoger el camino fácil y jugar con su nombre, imagen, y demás colegas en el campo.
 Tener conocimiento de nuestro código de ética nos permite crear una imagen, un nombre, una credibilidad a mis servicios, esto nos ofrece confianza y autonomismo en la hora de presentar nuestro portafolio al cliente. El partir de una buena imagen es el inicio de una carrera con éxito.
 Ser un “tecnólogo” hoy en día implica un reto y un compromiso verdaderamente grandes. Esto es debido al papel relevante que cumple este personaje en la sociedad actual. Se tratará de realizar un desglose de las características más relevantes de su perfil.
 El tecnólogo, como su propio nombre lo indica, es el hombre que materializa los conocimientos científicos a través de sus productos y los pone al alcance de la sociedad. Es un promotor de los avances de la ciencia, difundiendo, sugiriendo, implementando o creando nuevas tecnologías a fin de mantener la eficiencia de la producción de bienes y servicios que mejoren la calidad de vida de todos los seres humanos y del medio ambiente.

 Ante todo, un tecnólogo debe ser un humanista. Una persona con valores morales y éticos muy bien fundamentados, puesto que sus productos impactan de manera considerable el orden social, económico, cultural y hasta político del mundo. Y es en este ámbito, el de la moral y ética, en que se debe hacer hincapié.
 El tecnólogo es un agente moral aun cuando sus decisiones y actos sean tachados de inmorales por aquellos que son perjudicados por estos. Y, como es bien sabido, el tecnólogo puede hacer daño, sea poniendo buena tecnología al servicio de malas metas, sea empleando tecnología inherentemente perversa. En ello reside su poder. Y es por ello que muchos estudiosos, notables, hombres de ciencia y filósofos como Mario Bunge apunta en dirección de formular o crear la tecno ética, partiendo de una teoría de valores que permita sopesar medios y fines, así como concebir las normas morales a imagen y semejanza de las normas tecnológicas. .
 "Si el científico como tal formula juicios de valor, el técnico va más allá: a veces formula, juicios éticos. La tecnología, al ocuparse en satisfacer requerimientos individuales y sociales no teóricos, construye un puente entre el campo del conocimiento y el de la evaluación" (Mario Bunge)
 El tecnólogo se convierte así, y en un camino de ida y vuelta, en puente de conexión entre el conocimiento generado y el individuo (usuario) que lo requiere, por su conocimiento del mundo y por estar en disposición de manejar con pericia las herramientas que le brindan las infraestructuras tecnológicas.
 Es indiscutible que tecnólogos, a la par que científicos y administradores, están en la raíz de la existencia de nuestra sociedad tecnológica universalizada, y, sin embargo, informes de la sociología avisan de la no conciencia de responsabilidad moral sobre la suerte de efectos de sus propias actuaciones. No tienen conciencia de responsabilidades exigibles más allá de la anexa al buen hacer y dominio de la profesión. Todavía más, el ideal perseguido de eficacia se vería mermado, en opinión de aquéllos, por una conciencia sensibilizada. Los códigos deontológicos, lamenta Bunge, atienden con frecuencia más a la salvaguarda del status de profesional que a los derechos de los previsibles receptores de su labor.
 La ciencia teórica pura es siempre buena pues el conocimiento de la verdad es en sí mismo bueno, y porque la verdad se dirige a mejorar el mundo; pero "la tecnología se ocupa de la acción humana sobre cosas y personas. Esto es, la tecnología da poder sobre cosas y seres humanos, y no todo poder es bueno para todos" (Bunge, 1996) Por ello el periplo del tecnólogo se centra en una disyuntiva: la realización de su sensible labor forjadora de sociedades o la pasividad silenciosa y evasiva frente a su rol dentro de ellas.
 Una de las implicaciones que se deducen es que dentro de las prioridades de la ciencia se debe analizar si la ciencia puede contribuir efectivamente al desarrollo sostenible. Este es un mensaje que se tiene que comunicar a sí misma la comunidad científica; la práctica científica no está básicamente libre de valores, pero tiene que encontrar sus justificaciones en referencia a las preocupaciones sociales prevalecientes. El objeto del ámbito científico, en este nuevo contexto, podría bien ser el de impulsar el proceso de resolución social del problema, incluyendo la participación y el aprendizaje mutuo entre los agentes involucrados, en vez de la búsqueda de soluciones definitivas o implementaciones tecnológicas.
 Los avances de la ciencia y la tecnología propician nuevos escenarios que reclaman esfuerzos específicos de creación ética, no únicamente en aplicaciones concretas, sino en los principios a cuya luz pueden tomarse ciertas decisiones. Entre normas, actitudes y acciones, están las posturas y visiones de seres humanos en contexto determinado. Las normas son validas solo en la medida en que son asumidas en los comportamientos. Entonces, debemos tener en cuenta los factores que otorgan a los criterios su pertinencia social. El problema radica en reconocer como valido el sistema de valores éticos. Las motivaciones constituyen una parte fundamental del dominio ético, en el reconocimiento y aceptación de criterios que tiene, a la vez, carácter individual social. De esta manera, pueden deducirse mecanismos que aseguren que los individuos asuman representaciones y símbolos producidos por una colectividad en su contexto tradicional y en su evolución histórica.
 En este marco conceptual que acabamos de exponer, intentamos situar las circunstancias y los espacios de vinculación entre la ética, y la ciencia y la tecnología. El problema se puede plantear analizando, no como modifican la ciencia y la tecnología a la naturaleza de la voluntad libre en su esfuerzo hacia la autonomía, sino como puede ser examinada e interpretada, a la luz de estas tensiones, la relación entre ciencia y tecnología, y conciencia ética.
 De la ciencia y la tecnología nacen situaciones nuevas que reclaman un planteamiento específico de creación ética, no solo en las decisiones concretas que pueden tomarse en el curso de la acción, sino también en los principios a cuya luz pueden originarse decisiones trascendentes.
 Para situar zonas y modalidades del impacto de la ciencia y la tecnología en el campo de la ética, debemos examinar cómo la ciencia y la tecnología modifican la naturaleza de la voluntad libre. La voluntad libre es el poder puro y exigencia pura, su acción solo es efectiva en la medida en que pueda llegar a inscribirse en el curso de los acontecimientos. El hecho de ser un especialista competente en cualquier campo del conocimiento, le confiere una responsabilidad social que, en ciertas circunstancias, puede tener una gran trascendencia. Con la ciencia y la tecnología aparecen nuevos problemas que suscitan también la aparición de nuevos valores.
 La creación de valores consiste en descubrir, reconocer y evaluar la exigencia ética tal como se manifiesta en situaciones objetivas concretas. De esta manera, la intención de las normas es el resultado del encuentro de la intención ética fundamental y las situaciones novedosas originadas por los avances científicos y tecnológicos. Lo esencial es el esfuerzo de la conciencia ética cuando descubre situaciones de significación axiológica y reflexiona acerca de sus consecuencias relativas.
El punto de partida para justificar la ética de la ciencia se resume en el principio ético de que no todo vale igual. Existe la distinción entre lo bueno y lo malo; que corresponde a cada científico en su esencia como persona, decisión que queda en el plano puramente personal y moral sin estar especificado por la ciencia ni por el método científico. Cada científico, investigador de hoy y cada estudiante que va en camino de serlo, tiene frente a sí la gran responsabilidad de plantearse el problema, de enfrentarlo y de orientar su accionar en función de las consideraciones éticas teniendo en cuenta que la pretendida neutralidad de la ciencia no es tal sino que existe en función la orientación que el investigador le inserte al hacer uso de ella.

15 comentarios:

  1. excelente información, muy interesante!!

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  2. muy buena inforamción, muchas gracias...

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  3. grasias es muy buena informacion.

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  4. muchas gracias muy buena informacion

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  5. todos a copiar y pegar JAJAJAJ

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    1. jajajajajaja perfecto..... copiaaando y pegando

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  6. informacion totalmente excelente.... me servira mucho para mi debate de mañana ..

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  7. demaciado bueno para ser verdad...

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  8. Exelente informacion (Y)
    Felicidades y pues sinceramente GRACIAS!!!

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  9. Que buena información.
    Buen aporte. ¡¡¡Se AGRADECE!!!

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  10. que buen jale ahora si que felicidades y gracias poer este reporte.

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  11. Solo falta la bibliografía....

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